Pues en dos semanas los tenemos por aquí. Por partida cuádruple,
ahí es nada. Y podrían seguir llenando el Palau Sant Jordi las noches que ellos
quisieran. U2 han llegado a un punto en que lo que menos importa es la música.
Lo importante es estar ahí y rendirles pleitesía. Y por primera vez desde 1993, no les voy a ver. Ya la ultima vez que vinieron tuve dudas razonables. Pero esta vez ni me lo he
pensado. Esa ya no es mi guerra. Que disfruten los que vayan a verles, por
supuesto, pero yo ya sigo otro camino. Y gracias.
Su visita en cambio, me ha
hecho recordar otros (y mejores) tiempos con la banda irlandesa. Me he acordado
por ejemplo del excepcional Zooropa. Un disco que gana y gana con el tiempo y
que cada vez que lo reproduzco en casa mas alejado me parece de la pose vacía que Bono y sus chicos llevan cultivando desde hace ya unos cuantos años. En ese
disco hay mas ideas que en cualquiera de los artefactos que nos han ido dejando
estos tipos en los últimos 20 años (que se dice pronto, oiga). Zooropa, canción,
con ese subidon tan emocionante, Stay o como hacer una balada perfecta sin
resultar cargante, Dirty day o como sonar rockero sin aspavientos, Lemon o
Numb, que de atrevidas uno las acaba disfrutando como lo que son, dos gemas
pop. En fin, un señor disco, a rebufo del fantástico Achtung Baby y que tengo
claro que cerró una etapa de inspiración que nunca se ha vuelto a repetir en
este grupo. Ahora, mas dinosaurios que nunca, son un grupo insoportable. Alguno dirá que tengo demasiados prejuicios hacia ellos. Es posible. Pero
hubo un tiempo en que hacían las cosas muy bien.
